El PER 2011-2020 resume claramente la cuestión de la situación de la biomasa en el mundo, diciendo lo siguiente: La Agencia Internacional de la Energía en una de sus publicaciones, se hacía eco del Fondo de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) exponiendo que «algunos países pobres obtienen el 90% de su energía de la leña y otros biocombustibles»

Esta fuente de energía supone un tercio del consumo energético en África, Asia y Latinoamérica, siendo la principal fuente de energía en los hogares de 2.000 millones de personas.

El problema de este uso de biomasa, en ocasiones de supervivencia, es su falta de desarrollo tecnológico y de eficiencia energética, situándose fuera de una planificación sostenible de su aprovechamiento, lo que conlleva la deforestación de grandes áreas con su consecuente grave impacto ambiental asociado.

Más del 10% (1,5 Gha) de la superficie mundial se utiliza actualmente para cultivos y un 25% (3,54 Gha) para pastos de ganadería y otras producciones animales. Anualmente, alrededor de 7 u 8 Mha forestales se convierten en agrícolas.

Un mayor desarrollo de la tecnología y una adecuada planificación del aprovechamiento de la biomasa, supondría un impulso para el mercado internacional de biomasa, mejoras ambientales y el desarrollo rural de zonas degradadas.

Las previsiones establecidas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático establecen que antes de 2100 la cuota de participación de la biomasa en la producción mundial de energía debería estar entre el 25% y el 46%.

Según la publicación «2010 Survey of Energy Resources», del World Energy Council, en el año 2008, la contribución de la biomasa (incluyendo usos tradicionales no eficientes) a nivel mundial alcanzaba los 1.194 Mtep de energía primaria, lo que suponía un 10% del total mundial, prácticamente el mismo porcentaje que en el año 2006 donde la biomasa sumaba 1.186 Mtep. Si descontamos la biomasa mediante usos tradicionales, la contribución de todas las energías renovables a nivel mundial baja significativamente, situándose alrededor del 7% del consumo de la energía mundial.

Del total de la contribución en 2008, el 75% provenía de leñas, carbón vegetal o restos forestales, el 10% de biomasa agrícola (residuos animales, vegetales y cultivos energéticos), un 12% correspondía a residuos de industrias forestales, licores negros o madera recuperada, y el biogás suponía una contribución del 3%.

Situación de la biomasa a nivel internacional

Según la A gencia Internacional de Energía, en el año 2009 la oferta total de energía primaria en el mundo fue de 12.169 Mtep, de los cuales 1.589 Mtep, es decir el 13,1 por 100 corresponde a energías renovables. El 75,9 por 100 de la oferta total procedente de fuentes renovables, es decir 1.206 Mtep, corresponde a bioenergía, de acuerdo a los siguientes porcentajes: biomasa sólida 92,5 por 100, biocarburantes 4,5 por 100, biogás 1,8 por 100 y residuos municipales renovables 1,2 por 100 (IEA, 2011).

La biomasa sólida es la mayor fuente de energía renovable en el mundo, con mucha diferencia, debido a la existencia de la biomasa tradicional en los países en vías de desarrollo. Supone el 9,2 por 100 de la oferta total de energía primaria en el mundo, el 70,2 por 100 de la oferta total de energía renovable. De hecho, el 86 por 100 de la biomasa sólida es producida y consumida en países que no pertenecen a la OCDE. La biomasa tradicional consiste en leña que se obtiene sin mediar transacción comercial, se utiliza fundamentalmente para cocinar y proporcionar calor en los hogares, tiene unos niveles bajos de eficiencia y genera problemas de salud al emitir gases y partículas contaminantes a causa de la combustión incompleta de la biomasa. La biomasa moderna se caracteriza por las transacciones en el mercado, funciona con mejores niveles de eficiencia, no tiene por qué dar lugar a problemas de salud y es utilizada para generar energía eléctrica, para producir calor y refrigeración en los hogares y en la industria y para producir biocarburantes para el transporte.

La biomasa moderna está claramente en expansión en el mundo. En los países de la OCDE cuando se habla de biomasa se considera que ya se está haciendo referencia a la biomasa moderna.

En el Cuadro 1 se presentan datos sobre la oferta de energía primaria, de energía renovable y de bioenergía en la OCDE en los años 1990 y 2010, así como la participación de cada una de las fuentes renovables que componen la bioenergía. A la vista de dicha información, son pertinentes las siguientes observaciones:

  • Mientras que la oferta de energía primaria total ha crecido entre 1990 y 2010 un 19,7 por 100 en el conjunto de países que forman parte de la OCDE, la oferta de energía procedente de todas las fuentes renovables (en conjunto) ha crecido un 54 por 100, y la oferta de bioenergía ha crecido en un 80 por 100.
  • Por regiones a nivel de OCDE, el mayor crecimiento de oferta de energía primaria total se ha producido en OCDE Asia-Oceanía (41 por 100) y el menor en OCDE Europa (12 por 100). Sin embargo, el mayor crecimiento tanto en oferta de energías renovables como en bioenergía se ha producido en OCDE Europa (102 por 100 y 116,3 por 100, respectivamente), y el menor en OCDE Asia-Oceanía (29 por 100 y 40,9 por 100, respectivamente). OCDE Américas se mantiene en una posición intermedia.
  • La biomasa sólida ha pasado de representar el 95,4 por 100 de la oferta de bioenergía en la OCDE en 1990 a contribuir a la misma en un 69,4 por 100, lo cual se debe a la irrupción de los biocarburantes, a la mayor utilización de los residuos municipales renovables, al importante ascenso del biogás y a cierta transición de biomasa tradicional a biomasa moderna. De todas formas, la oferta de energía procedente de biomasa sólida ha crecido un 30 por 100 en la OCDE en el período que se está analizando.
  • La oferta de energía procedente de biogás en la OCDE ha pasado de 1,45 Mtep en 1990 a 15,75 Mtep en 2010, lo cual supone un crecimiento del 986,2 por 100. De hecho el biogás, a nivel mundial, ha crecido entre 1990 y 2009, a una tasa media anual del 14,9 por 100, cantidad sólo superada por la solar fotovoltaica y por la eólica entre las energías renovables.
  • La oferta de energía procedente de residuos municipales renovables en la OCDE ha pasado de 4,6 Mtep en 1990 a 13,63 Mtep en 2010, lo cual supone un crecimiento del 196,3 por 100, pasando de aportar el 3,5 por 100 en 1990 al 5,8 por 100 en 2010 a la oferta de bioenergía en la OCDE.

Disposición de recurso

De acuerdo con el trabajo del IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change, 2011), el tamaño del potencial técnico futuro de la biomasa depende de diferentes factores que son inciertos por naturaleza, lo cual implica que sea imposible precisar cuál será dicho potencial en el futuro.

Entre los factores más importantes hay que citar la población, el desarrollo económico y tecnológico, y cómo éstos influyen en la de demanda de alimentos, piensos y fibras, así como el desarrollo de la agricultura y silvicultura.

Otros factores importantes son: los impactos del cambio climático en el uso futuro de la tierra, incluyendo su capacidad de adaptación; el conjunto de consideraciones sobre exigencias en cuanto a biodiversidad y conservación de la naturaleza y las consecuencias de la degradación de la tierra y escasez de agua.

Diferentes estudios apuntan a flujos de residuos procedentes de la agricultura y la silvicultura y a tierras agrícolas no utilizadas como una base importante para la expansión de la producción de biomasa para energía, tanto en el corto como en el largo plazo.

La consideración que se dé a la biodiversidad y la necesidad de asegurar el mantenimiento de ecosistemas sanos así como evitar la degradación del suelo, ponen cotas a la extracción de residuos de las tierras agrícolas y forestales.

Conclusiones

Según la Agencia Internacional de la Energía, en el año 2009, el 10,2 por 100 de la estructura de energía primaria en el mundo se obtiene a partir de los recursos que denomina «biomasa y residuos». La biomasa sólida constituyó en dicho año el 70,2 por 100 de la oferta total de energía primaria renovable en el mundo, el biogás el 1,4 por 100 y la fracción orgánica de residuos sólidos urbanos el 0,9 por 100. El biogás ha crecido en el mundo entre 1990 y 2009 a una tasa media anual del 14,9 por 100, sólo superada en dicha ratio por la solar fotovoltaica y la eólica terrestre.

Según Eurobserv’ER, en el año 2010, la bioenergía contribuyó en un 68,2 por 100 al consumo de energía primaria renovable en la UE, de la siguiente forma: biomasa sólida 48,4 por 100, biocarburantes 8,4 por 100, biogás 6,6 por 100 y FORSU 4,8 por 100. De esta forma, la biomasa sólida ocupa el primer lugar, los biocarburantes el tercero, el biogás el quinto y el FORSU el sexto.

El 75 por 100 de la producción de biomasa sólida en la UE en 2010 se dedicó a aplicaciones térmicas, mientras que dicho porcentaje fue del 13,8 por 100 para el biogás y del 25 por 100 para la FORSU, dedicándose el resto fundamentalmente a la generación de electricidad.

Según el IPCC (2011), y basándose en una revisión de la literatura especializada, los niveles de despliegue de la biomasa para energía (incluyendo biocarburantes) podrían alcanzar un rango de 100 a 300 EJ/año, frente a la cantidad actual de 50 EJ/año.

En los escenarios publicados por la Comisión Europea referentes a cómo la UE podría alcanzar las metas fijadas para 2020 en cuanto al peso de las energías renovables, el consumo anual de biomasa (sin incluir biocarburantes) para calor y electricidad pasaría de los 800 TWh en 2007 a 1.650 TWh en 2020, lo cual supone un incremento de 850 TWh, el mismo incremento que la suma de todas las demás energías renovables.

Algunos sistemas importantes de bioenergía ya son actualmente competitivos como los combustibles fósiles para algunas materias primas, propósitos y países. En Europa, aplicaciones de biomasa en el sector residencial, sobre todo si son diseñadas como instalaciones para cogeneración, son competitivas en costes y están creciendo muy rápidamente.

Existe evidencia de que mayores mejoras en tecnologías de generación eléctrica, sistemas de producción de cultivos energéticos y desarrollo de sistemas de suministro pueden hacer que disminuyan los costes de generación eléctrica y de producción de calor a unos niveles muy atractivos en muchas regiones.

A la vista del importante potencial en cuanto a mejora en costes, cabe considerar a la biomasa como una fuente renovable de producción de energía, probada pero todavía con importante margen de mayor desarrollo, más que una tecnología madura (European Climate Foundation, 2010).

Las aplicaciones energéticas de los tipos más comunes de biomasa reducen las emisiones de CO2 entre un 55 y un 98 por 100, en comparación con los combustibles fósiles, aunque haya que transportar la materia prima a larga distancia, siempre que la producción de la biomasa no cause cambios en el uso de la tierra. Cuando se usan residuos forestales o agrícolas, los ahorros en gases de efecto invernadero están normalmente por encima del 80 por 100 en comparación con los combustibles fósiles. 

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